Javier
Gomá Lanzón es un escritor y ensayista español, autor de la
tetralogía de la ejemplaridad y de un monólogo dramático. Es
también director de la Fundación Juan March. Tiene dos grados;
Filología Clásica y derecho. También es doctor en filosofía.
El autor de este ensayo habla del yo verdadero. El
hombre es egocéntrico por naturaleza. El autor explica que cuando se
admite el mérito propio se suele iniciar la frase diciendo: “la
verdad es que...”; como cuando te dicen buen trabajo y respondes
con la verdad es que soy muy meticuloso. En cambio, cuando se ha de
decir algo desagradable es verdad que al iniciar la frase se dice “yo
sinceramente...”, con esto se pretende que la otra persona acepte
con paciencia la crítica y esté agradecido por el gesto de
confianza.
En un principio el autor dice que durante siglos, del
hombre no se esperaba que fuera sincero sino que fuera honesto y
alcanzara una excelencia moral. En determinado momento del siglo
xviii, se decide por un yo más auténtico y real cuyo deber es ser
uno mismo. Se piensa que el
ideal de autenticidad es la inhibición de las pasiones, la represión
de las pulsiones destructivas y se
llega a creer que el respeto de las convenciones son hipocresía,
disimulo y máscara.
El primer gran sincero de la modernidad fue Rousseau,
para él, la sinceridad llega hasta el punto de ser arriesgada. En
“El misántropo” Molière ya había criticado el abuso de la
sinceridad. Para Goethe, no es necesario ser virtuosos, basta con ser
sinceros y reconocer con franqueza lo que hay de bueno y malo en
nosotros.
A mi juicio, el exceso de sinceridad no hace más que
provocar el rechazo de las personas de tu alrededor. La sinceridad
debería tener un límite ya que es preferible una mentira bondadosa
con el fin de poder vivir en sociedad. Hay un dicho que dice: “la
verdad en la cara ofende”. Se puede decir la verdad pero es mejor
si es disfrazada y no con el propósito de ofender.