martes, 14 de marzo de 2017

trabajo del ensayo "Yo sinceramente" de Javier Gomá

  Javier Gomá Lanzón es un escritor y ensayista español, autor de la tetralogía de la ejemplaridad y de un monólogo dramático. Es también director de la Fundación Juan March. Tiene dos grados; Filología Clásica y derecho. También es doctor en filosofía.

El autor de este ensayo habla del yo verdadero. El hombre es egocéntrico por naturaleza. El autor explica que cuando se admite el mérito propio se suele iniciar la frase diciendo: “la verdad es que...”; como cuando te dicen buen trabajo y respondes con la verdad es que soy muy meticuloso. En cambio, cuando se ha de decir algo desagradable es verdad que al iniciar la frase se dice “yo sinceramente...”, con esto se pretende que la otra persona acepte con paciencia la crítica y esté agradecido por el gesto de confianza.


En un principio el autor dice que durante siglos, del hombre no se esperaba que fuera sincero sino que fuera honesto y alcanzara una excelencia moral. En determinado momento del siglo xviii, se decide por un yo más auténtico y real cuyo deber es ser uno mismo. Se piensa que el ideal de autenticidad es la inhibición de las pasiones, la represión de las pulsiones destructivas y se llega a creer que el respeto de las convenciones son hipocresía, disimulo y máscara.

El primer gran sincero de la modernidad fue Rousseau, para él, la sinceridad llega hasta el punto de ser arriesgada. En “El misántropo” Molière ya había criticado el abuso de la sinceridad. Para Goethe, no es necesario ser virtuosos, basta con ser sinceros y reconocer con franqueza lo que hay de bueno y malo en nosotros.

A mi juicio, el exceso de sinceridad no hace más que provocar el rechazo de las personas de tu alrededor. La sinceridad debería tener un límite ya que es preferible una mentira bondadosa con el fin de poder vivir en sociedad. Hay un dicho que dice: “la verdad en la cara ofende”. Se puede decir la verdad pero es mejor si es disfrazada y no con el propósito de ofender.



lunes, 13 de marzo de 2017

Filosofía

El alpinismo es un deporte que consiste en escalar altas montañas.


Cuando emprendes el trayecto hacia la cumbre, encuentras tu propio bienestar, tu propia paz…; ya que la felicidad es el camino como menciona Buda en sus enseñanzas.

Pero la ascensión de la montaña también es complicada, supone una serie de riesgos y obstáculos que se deben superar si quieres llegar a la cima.

Pueden surgir miedos, ya que nosotros mismos pensamos en situaciones futuras (caídas, lesiones o la propia muerte) en vez de pensar en el presente, esto puede bloquearte en tu progresión. Como ya decía Epicuro en antaño sobre la muerte y la vida, si piensas en la caída te impedirá disfrutar de tu recorrido.

El alpinismo es un camino de autosuperación, es someter al máximo la resistencia moral y física. Sabes que una vez comenzado el viaje hay que aguantar el estrés al que se somete el cuerpo y seguir avanzando, de este modo consigues el éxito que está reflejado en la llegada a la cúspide de la montaña.                                                                                                                                                   
                                                                                                              

Para esta superación personal es necesaria en el individuo una disposición y una ambición que lo empujan a conseguir su objetivo. Nietzsche ya habló de esta “voluntad de poder”, en el que todo hombre con esta voluntad podía mejorarse a sí mismo.




 El alpinismo es una práctica que puede agotar la paciencia de quien la esté realizando, puede generar dudas… Por ello, la mayoría de los más expertos escaladores son sabios que reconocen que el éxito está en la paciencia. Según la filosofía taoísta, se consideraba  una persona sabia cuando esta reconocía que el equilibrio estaba en la paciencia. La montaña es un símbolo de peligro, en la que te enfrentas a tus miedos.

De primera mano pude comprobar llegando al final del camino, la mala jugada que te puede hacer pasar un bloque de hielo. Haber sobrevivido a esta experiencia, te hace pensar en lo insignificante que eres frente a la montaña representante de la máxima crueldad que puede llegar a presentar la naturaleza.

Sin embargo, para mi, escalar es fundamental en mi vida. Es una forma de descargar todo el peso que llevo encima y de demostrarme a mi mismo que puedo llegar lejos. Es mi deseo, mi adrenalina, mi descanso de esta sociedad monótona, mi lugar de reflexión…